Había una vez, en un bosque que parecía dormido, pero latía con vida, una escuela muy especial construida en la copa de un árbol sabio y centenario. Esta escuela se llamaba Escuela 717, en honor a un viejo acuerdo que durante diez largos años había guiado a los líderes del bosque en su misión de crecer, transformar y mejorar.
El árbol, anciano y lleno de anillos de conocimiento, albergaba a criaturas de todos los tamaños: búhos sabios (los directores), zorros organizadores (los supervisores), y una bandada entusiasta de colibríes, quienes representaban a los maestros y maestras.
Cada uno sabía que para volar más alto, debían seguir un sendero llamado Promoción Horizontal, un camino que no se trepaba con poder, sino con sabiduría, empatía y liderazgo. Fue así como el acuerdo 717, nacido en el año 2014 y finalizado el 11 de junio del 2024, sirvió como brújula de esta travesía. A los pocos días, el 13 de junio, el bosque recibió un nuevo mapa: un nuevo acuerdo con cinco capítulos y veinticinco artículos que planteaban los lineamientos para formar nuevos líderes.
—No olviden que para mejorar nuestra escuela debemos conocer nuestras raíces —recordaba el viejo árbol, que hablaba poco pero con fuerza—. ¿Saben cómo nació nuestro sistema escolar?
Los búhos respondieron al unísono:
—¡Gracias al Artículo 3º!
—Y bajo su sombra, florecieron otras leyes como la Ley General de Educación y la Ley de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes —agregó una ardilla bibliotecaria, agitando con orgullo su copia empolvada de la Constitución.
Aquel bosque tenía una forma muy especial de organizarse. Todo se planeaba estratégicamente, desde cómo almacenar las nueces hasta cómo elegir al líder de un nuevo ciclo. Aplicaban los objetivos SMART: específicos, medibles, alcanzables, relevantes y con tiempo. Y lo más importante, tomaban decisiones colectivas.
—Recuerden —dijo una tortuga directora mientras mostraba su plan—, los recursos llegan desde las nubes (presupuesto federal), pero nadie toca el oro directamente. Hacemos comités con las familias y decidimos juntos, con transparencia.
Aun así, uno de los temas más difíciles seguía siendo el de la inclusión. Había una colmena lejana cuyos zánganos no sabían leer flores. Nadie notaba su necesidad porque sus alas eran fuertes. Entonces, el búho mayor les lanzó una pregunta:
—Si ustedes no hubieran nacido con alas, con luz en los ojos o con voz, ¿qué debería haber hecho esta escuela para no dejarlos atrás?
Hubo silencio… y luego brotó empatía.
El Programa Sintético, como le llamaban al plan general del bosque, debía descender como lluvia hacia las raíces, volverse un Plan Analítico, contextualizado y sensible al suelo de cada rincón. Cada criatura debía hacer un diagnóstico para construir su Programa de Mejora Continua.
—Y no olviden que el Artículo 17 nos recuerda que el respeto a nuestra autonomía profesional es sagrado —murmuró una lechuza mientras repasaba sus notas—. Somos responsables, pero también libres.
Cuando llegó el momento de pedir apoyo para reparar el nido común, todos recordaron el Artículo 18:
—La autoridad tiene la obligación de atender nuestras necesidades —dijo un erizo mientras entregaba su solicitud de techado.
Y así, la Escuela 717 cerró su ciclo con gratitud y dejó paso a un nuevo acuerdo, lleno de posibilidades.
Porque en aquel bosque, aprender era crecer…
…y crecer era mejorar juntos.
Colorin colorado
Este acuerdo secretarial
ha acabado...

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